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EL EVENTO...

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Silencio enredado entre murmullos y suspiros. Luces entrecortadas, incipientes, simuladas, aisladas, latentes. Energía luminosa que promete mundos muy distintos entre sí, una gama que va de nadas oscuras a supernovas expansivas. Dominan los sonidos típicos del artista alistándose: vicios provocados por bafles cercanos, afinaciones de último momento, rápidas correcciones en el software y en el hardware, leves vocalizaciones, saludos emocionados, algunos acordes de prueba en el teclado, notas de guitarra al colgarse, más saludos, varios un, dos, tres cuatro de ensayo que dan paso, en el momento justo, es un sentimiento muy íntimo, a la música, la cual arranca entre vítores y explosiones luminosas que llenan por igual a músicos y público. 

 

Los nervios asoman sin ya. Están ahí, es algo propio en el momento de subir a escena. Ni siquiera para alguien con tanta experiencia pasa desapercibido. Aún si su rostro denota, entre profundas arrugas, tal camino, el miedo escénico siempre aparece. Es tan evidente como el callo que se crea tras largos años de práctica.

Los “ñañaras” (como se le decía al miedo en un antiguo programa cómico mexicano) son mayores, claro, cuando el evento es especial. Como este día, 5 de abril del 2026, cuando Mauricio Hernández, veterano de la escena musical mexicana, comparte con fans, amigos y familia, su último concierto.

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Productor, compositor, músico y artista dedicado por entero a una vida de gitanos, entre stages, bandas, musicales, actores y murmullos- esos que callan cuando suena la tercera llamada-, Mauricio cuenta con un amplio repertorio, el cual proviene de muchos proyectos, realizados en distintas etapas. Destacan Mayer, I.g.o.r. y Maple Motel, cuyas músicas desfilaron por distintos escenarios durante más de quince años de carrera.

Ahora mismo, en el foro El Tejedor ubicado en la Colonia Roma de la capital mexicana, realiza un viaje a través de su trayectoria -rolas extraídas de ensayos en la cochera o de sesiones en estudios  o de palomazos en el parque o entre tocadas en antros de mala muerte o en  cualquier lugar donde le alcanzara la inspiración-  para mostrar su talento.

Una vez más. En su despedida. Tras librar una batalla contra un cáncer devastador, Mauricio Hernández llega al final de su vida como la ha vivido: con su música a flor de piel. "Sin Ella no me explico".  

Egresado de Berklee College of Music de Boston, el artista se ha caracterizado por la búsqueda de nuevos sonidos, de nuevas maneras de comunicarse, de nuevas aventuras que le han permitido explotar su talento, experiencia y pasión.

Y se nota durante la sesión: Un suave riff de guitarra calienta el ambiente; en un momento, tras algunos picoteos en los controles, deja de tocar y agrega sonidos del teclado, que se suman a la canción, para construir una base que le permite cantar la letra correspondiente con total libertad; a su dominio, a su sentir, cambia armonía y ritmo para dar paso a una rola diferente, que se desarrolla con una dinámica nueva, según sus necesidades. Hay para todos los gustos, de todas las épocas, y tienen un aire novedoso debido a la manera de recontruirlas, de renovarlas, de refrescarlas. 

 

A su manera de hacer música.

Su sonido, abierto, amplio y flexible, como su sentir, nos abraza de inmediato. Son canciones entrañables para todos que aprietan botones en cada uno de nosotros: como olas sonoras, sus melodías y armonía van y vienen marcando a los asistentes de manera diversa. Después de todo, cada cabeza -cada alma, cada corazón- es un mundo.  Y el arte es para abrirlo, ¿no? Es una gran responsabilidad.

Y de eso Muricio Hernández sabe mucho. Tal vez por eso, los nervios son los mismos cada vez que se pisa un escenario.

Como la primera vez siempre...

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