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LA PALOMA DEL METRO

Los milagros arrecian durante la Semana Santa. En esta temporada, que conmemora La Pasión de Cristo, cualquier cosa puede pasar. Y más que la ciudad se queda vacía a causa de las vacaciones. Es posible, incluso, respirar un aire limpio…

También lo es hacer una nueva amistad.

Como nosotras que, tras una salida larga, encontramos una paloma en un metro solitario, semi vacío.

.— Mira, va a aprovechar que no hay nadie, jajajja, dijo mi hermana, divertida.

.— Jajaja, cierto, va de regreso a casa, jajajaja, contesté en el mismo tono.

La paloma nos miró mientras reíamos y decíamos tonterías. Parecía entender nuestras palabras …

.— Tal vez tiene una fiesta y sólo por aquí llega…, jajajja.

.— Ah bueno… o a lo mejor quiere dar una vuelta. Total, ahora que se puede…

.— Jajajja, o sólo va de regreso a casa, todo crudo, luego de una feroz pachanga…, apuntó alegre Ella.

.— Oye, es cierto, anda como borracho, je, agregué.

.— Tienes razón, mira, hasta parece tener hipo…, chistó.

.— hasta tiene cara de pícara, dije y festejamos con una carcajada. La paloma pareció celebrar nuestras bromas.

Varias personas arribaron a la estación por las escaleras más cercanas; unos se siguieron al final del túnel; otros al inicio, por detrás de la entrada, ignorando a la ave, que dudó, camino hacia un lado y luego a otro, sin decidirse, hasta que entendió que los humanos recién llegados estaban en lo suyo.

“Como debe ser…”, decía un artista famoso de la Época Dorada del Cine Nacional.

.— A lo mejor son viejos conocidos y aunque no toma el metro, sí los conoce…, bromeó Ella.

.— Ja eso seguro…, seguro que conoce a más de uno, dije vehemente y celebramos con escandalosas risas que retumbaron varias veces en el lugar vacío.

El feliz eco evidentemente molestó a alguien: la última persona, una señora bajita, cuarentona, excesivamente maquillada, flaca, ojerosa y sin ilusiones, nos miró con enfado. Luego vio a la paloma y, sin pretexto alguno, gratuitamente, de repente, alzó los brazos y la asustó: ella voló, buscando la salida…

La tipa nos barrió y se fue satisfecha con su maldad.

Ni nos importó y seguimos jugando, incluyéndola en nuestras burlas, mientras le dábamos la espalda.

La señora desapareció pronto hacia la nada, arrastrando evidente amargura (por ahí dijimos que la habían dejado plantada, razón de tan jodida -e insisto, gratuita- actitud).

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Segundos después llegó el tren, con extrema lentitud, típica de días de asueto. En ese momento regresó la paloma, quien nos miró, tal vez agradecida, tal vez reconociendo, tal vez para charlar o únicamente saludando. Observó al vehículo detenerse frente a nosotros, giró la cabeza hacia la puerta, nos volvió a mirar, apenas microsegundos, y salió volando al lado contrario.

.— Ah, ya se arrepintió…, dije con voz chillona, como niña berrinchuda.

. – Y todo por esa bruja, bueno, al menos se despidió de nosotras.

. – Al mismo tiempo que se zurró de la señora, mira, dijo mi hermana divertida y apuntó hacia donde había salido la mujer. Una gran caca de paloma caía justo ahí (“como una mentada de madre palomera, dijimos) mientras subíamos al metro entre risotadas.

ABECE2026

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